lunes 30 de noviembre de 2009

Por qué nunca debes aceptar el Premio Nobel

Por JLE

La británica Doris Lessing se arrepiente de haber aceptado el Premio Nobel de Literatura 2007, y sugiere algunas razones por las cuales el Nobel puede convertirse en un paraíso infernal, por lo que nunca debe ser aceptado:

a) La fama (“todo lo que hago es conceder entrevistas y dejarme hacer fotos” dice Lessing. ¿A qué hora leer? ¿A qué hora escribir?).

b) La transvaloración (hay pocos lectores y muchos admiradores. Los segundos siempre resultan molestos, desde luego: “Ay, yo soy su admiradora, me encanta su novela… la que… cómo se llama… es muy linda… en la que hay una chica que… bueno, también está esta otra en la que usted llega, se baja del auto y se encuentra con, es decir, no usted, sino el protagonista, ay, no qué tonta, esa es de Vargas Llosa, no, no, bueno, lo admiro mucho…).

c) La desconfianza (mientras el medio intelectual hace decantaciones curiosas, el Nobel puede convertirse en una etiqueta maldita: “Claro, le dieron el Nobel como premio a sus servicios al régimen de fulanito”).

d) El dinero (un recurso agotable. “En dos años no quedará nada. Para colmo mi contador me dice que tengo que deshacerme de ese dinero. Tengo que darlo sino el recolector de impuestos se quedará con todo”, ha dicho Lessing. Además, si vives en México, te vuelves secuestrable).

e) Los contratos editoriales (“No nos importa qué sea, queremos más traducciones del autor; debemos aprovechar el Nobel. No, la calidad es secundaria, si le dieron el galardón es que la tiene aun cuando lo que busquemos traducir esté entre las obras que el mismo autor intenta esconder”, podría decir cualquier vivaz editor).

f) La consagración (Viene tras la vejez o la muerte del galardonado: “Hemos encontrado tres libretas con apuntes diarios, notas, pensamientos y textos inconexos en las que ‘el maestro’ manifestaba su visión de la vida. No, nunca fueron pensadas para publicarse, pero ahora, a 10 años de la muerte del Nobel, la editorial XYZ ha decidido recordar a ese grande de las letras universales con esta nueva edición. Ah, por cierto, cuenta con todo el respaldo de la viuda y de los herederos”. ¡Jo! No importa que tú jamás hayas querido publicar un relato o un capítulo de alguna novela. Si lo encuentran cuando estás muerto, zaz, ya está, a revolverse en la tumba).

*Bitácora de naufragios

sábado 21 de noviembre de 2009

¿Para qué sirve el Premio Nobel de Literatura?

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Por: Andrés Hax

Una pregunta: ¿Qué tienen en común León Tolstoi, James Joyce, Marcel Proust, Ezra Pound, Franz Kafka, Joseph Conrad, Vladimir Nabokov, Jorge Luis Borges, Jack Kerouac y William Burroughs?

Que ninguno de ellos ganó el Premio Nobel de Literatura.

Segunda pregunta: ¿Qué tienen en común: Bjørnstjerne Bjørnson, Rudolf Eucken, Carl Gustaf Verner von Heidenstam, Carl Friedrich Georg Spitteler, Frans Eemil Sillanpää, Halldór Kiljan Laxness y Herta Müller.

Me imagino que ya adivinó la respuesta. Todos ganaron el Premio Nobel de Literatura.

Apuesto que el lector común, como lo definió Virginia Woolf, podría nombrar una obra de cada uno de la primera lista. Y apuesto que el mismo lector común (un amante voraz de la literatura, el que no se va ni siquiera al baño sin un libro) tendría gran dificultad en nombrar solo una obra de la segunda lista de autores.

Esto es un juego de salón, vale. Pero en el juego se ejemplifica la pregunta que da título a esta columna de opinión: ¿Para qué sirve el Premio Nobel de Literatura?

Vamos a la fuente. Según dice el testamento de Alfred Nobel el premio en la categoría de letras es para "un autor de cualquier país en el campo de literatura, el trabajo más extraordinario en una dirección ideal."

Puede ser que por aquí empiecen las dificultades, porque es una definición ambigua.

Pero sin duda La guerra y la paz, Ulises, Los cantos, El corazón de las tinieblas, Almuerzo desnudo, o La metamorfosis podrían ser considerados como ejemplares dignos de esta definición. O Vida, instrucciones de uso de George Perec. O hasta la obra bizarra de H.P. Lovecraft o las novelas de Philip K. Dick o Raymond Chandler e Italo Calvino, por ejemplo.

Ya se discutió hasta el hastío sobre el uso político del premio de literatura. Veamos los otros premios. Obviamente el de la paz es un premio político. ¿Pero el de física? ¿El de medicina? ¿El de química? ¿Y el de economía?

El problema central para contestar esta pregunta es que resulta difícil que nuestro lector común tenga la educación suficiente para entender los trabajos científicos de vanguardia. La ciencia se ha especializado y se ha ido a un nivel de abstracción que hace falta por lo menos un pos-grado para realmente comprender qué es lo que hacen los mejores físicos, químicos y médicos del planeta.

Tal vez el premio de economía –la ciencia atroz ("the dismal science" como lo denominó Thomas Carlyle)- sea tan ambiguo como el de literatura y se explote con fines políticos. Pero la economía, en su más alta expresión teórica también es lejana a la inteligencia común y corriente, hasta de una persona considerada culta.

Además, si entendieran de verdad los economistas cómo funciona la economía, ¿por qué no pudieron predecir la catástrofe financiera de los últimos años? ¿Por qué no pueden solucionar el problema de la pobreza mundial? Pero eso quedará para otra columna de opinión.

La excelencia en la literatura es subjetiva. No podría ser de otra manera. La literatura no descubre nada. O sí: descubre la vida. La que vivimos todos, yendo al trabajo, tomando café, enterrando nuestros muertos... Los grandes escritores, premiados o no, son los que nos dan vida con su obra. Crean con letras sobre papel un simulacro de la vida tan potente que casi se parece más a la vida que la vida misma.

El problema, al fin, del Premio Nobel, es que ya nos dejó de sorprender (e, irónicamente, si hay una cualidad que comparte toda la gran literatura es aquella de sorprender). O se le otorga a una eminencia gris que se lo merece de sobra (en la lista de esta categoría que aún esperan el premio, los conocemos a todos: Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Milan Kundera, Philip Roth, Don Delillo...); o se le da a un escritor o escritora que –francamente– es de muy poca trascendencia (lo que no significa que sea mala escritora). Como es el caso este año con Herta Müler.

¿Me van a decir que Herta Müller ha escrito textos "más extraordinarios" y que van más en "una dirección ideal" que Cormac McCarthy, Thomas Pynchon, James Ellroy, Gonzalo Rojas, William T. Vollmann, Geoffrey Hill, Steven Millhauser, Jonathan Littell o –sí, también- Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa y etcétera.

*Esto es una columna de opinión escrita en la Web.

jueves 19 de noviembre de 2009

¡¡¡Premio Nobel de Literatura 2010, hagan juego señores!!!...

Por Alfredo Álamo

Bien, ya tenemos a Herta Müller con su Premio Nobel y parece que todo el mundo respira aliviado tras unos cuantos días de discusión sobre quién debería ser el elegido por la Academia Sueca. Aquí, y en otros lugares dedicados a la literatura, han surgido los seguidores de varios autores como si fans de un equipo de fútbol se tratara. Por un lado, los que apoyan a Vargas Llosa señalarán sus nuevos premios ganados este mismo año además de insistir en que ya es hora de premiar a un autor latinoamericano.

En España desconozco si volverán a presentar a la misma terna del año pasado, Delibes, Sábato y Ayala, o buscarán algún nombre nuevo que haga reflexionar a la Academia. Este año ha sonado el nombre de Goytisolo mucho más alto de lo que nadie se esperaba.

Otro que tiene seguidores que reclaman un Nobel para su carrera es Carlos Fuentes ya que entiendo que el Nobel no se concede de forma póstuma, algo que se planteó para Benedetti.

En otras lenguas, ¿volverá a sonar Bob Dylan como poeta o habrá sido solamente un rumor para este año? Después del Nobel de la Paz para Barack Obama no me extrañaría que pasaran por encima de gente como Amos Oz o Thomas Pynchon en una decisión algo, por así decirlo, propagandística. Joyce Carol Oates ha estado en boca de todos hasta la decisión final, por cierto, una decisión que al parecer se filtró un día antes, convirtiendo a Herta Müller en el “tapado” más fiable de los últimos años.

Tendremos que esperar todo un año para que se anuncie el ganador del Premio Nobel de literatura 2010, pero seguro que dentro de poco comenzarán las listas de favoritos, tanto de los aficionados a la literatura como de los críticos expertos; eso sí, para demostrar la confianza en el criterio de uno mismo, nada como apostar por el que creemos ganador y sacarnos unos euros gracias a nuestro autor favorito.

* 2 de Noviembre de 2009/ Lecturalia Blog

sábado 7 de noviembre de 2009

Nobel de literatura: un jurado demasiado "eurocéntrico"

El nuevo vocero del jurado que otorga el Premio Nobel de literatura cree que el panel ha sido demasiado "eurocéntrico" en su selección de los ganadores y que hay muchos escritores del continente americano que merecerían ganarlo.
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El nuevo secretario permanente de la Academia Sueca, Peter Englund, formuló sus comentarios, dos días antes de que se anunciara el ganador. Contrastan con la opinión de su predecesor de que la literatura en Estados Unidos es demasiado provincial.

Entre los candidatos potenciales de este año al Nobel se encontraban el peruano Mario Vargas Llosa y los estadounidenses Phillip Roth y Joyce Carol Oates.

"En la mayoría de las áreas de lenguaje que conozco bien hay autores que realmente merecen y podrían recibir el Premio Nobel, y eso se aplica a Estados Unidos y las Américas también", dijo Englund a la Associated Press.

Englund opinó que eso se debe a que los jueces de la Academia Sueca son europeos y tienden a tener "una visión europea" de la literatura. Los europeos han dominado los premios de literatura en las últimas décadas y han ganado nueve de los últimos diez años.

Englund, que reemplazó a Horace Engdahl como secretario permanente en junio, opinó que "eso es un problema".

"Tendemos a identificarnos más fácilmente con la literatura escrita en Europa y con la tradición europea", agregó, y dijo que para la Academia era importante "no volverse demasiado eurocéntrica".

Desde que el escritor japonés Kenzaburo Oe ganó el galardón en 1994, todos los ganadores excepto el turco Orhan Pamuk y el sudafricano J.M. Coetzee han sido ciudadanos europeos.

Engdahl, el anterior secretario general, causó controversia el año pasado cuando dijo a la AP que "Europa sigue siendo el centro del mundo literario" y que la calidad de la literatura estadounidense sentía el peso de que sus autores fueran "demasiado receptivos a las tendencias en su propia cultura de masas".

La última ganadora de Estados Unidos fue la escritora Toni Morrison en 1993.

Englund, de 52 años, es el miembro más joven de la Academia Sueca. Aceptó a regañadientes el cargo de secretario permanente, que incluye anunciar el Premio Nobel de literatura.

Creada en 1786, la Academia Sueca tiene 18 bancas, aunque una está vacante y dos miembros actuales no participan en sus actividades. Los cargos son vitalicios. Los nuevos miembros son elegidos por votación secreta, que debe ser aprobada por el benefactor de la Academia, el rey Carl Gustaf.

La Academia ha elegido al ganador del Premio Nobel de literatura desde 1901 de acuerdo con lo estipulado por Alfred Nobel, el industrial sueco e inventor de la dinamita que estableció los premios en su testamento en 1895.

La Academia nunca discute los nombres de los posibles ganadores y mantiene en secreto los postulados durante 50 años. Este año, la profesora de literatura danesa Anne-Marie Mai reveló que había postulado a Bob Dylan para el premio porque le disgustaron las declaraciones de Engdahl sobre la literatura estadounidense.

Englund no descartó que un autor de canciones pueda ganar el premio, por considerar que la Academia "debería ser generosa en la interpretación de lo que es y no es literatura".

* 6 de octubre de 2009, 03:58 PM
ESTOCOLMO (AP)


lunes 26 de octubre de 2009

DETALLES Y CURIOSIDADES SOBRE EL NOBEL DE LITERATURA

El Premio Nobel es el máximo galardón al que puede aspirar un ser humano por su trabajo profesional. Ganarlo significa la consagración de una trayectoria en las Letras. No obstante, no ha estado exento de polémica a lo largo de su historia, por sus omisiones o, por el contrario, por la precipitación con que ha sido otorgado a algunos, y también por sus errores.

Cualquier escritor puede ganarse el premio Nobel.
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Para ser tenido en cuenta debe estar nominado. Para esto debe ser postulado por un miembro de la Academia Sueca o de otras instituciones similares. También puede ser postulado por profesores de literatura en universidades o premios anteriores del Nobel de literatura.

Anualmente suele haber 350 escritores nominados. La lista se recibe hasta el 31 de enero y es secreta. Estos nominados son evaluados por el comité. Una gran parte de los nombres son descartados rápidamente por entenderse que no cumplen con la calidad necesaria. Los postulantes restantes son estudiados a fondo.

Para abril ya existe una lista estable y reducida de candidatos. Antes de julio, agosto ya quedan cinco. Para mediados de septiembre cada miembro del comité tiene un reporte individual. Entonces se comienzan a proponer nombres hasta que un candidato tenga más de la mitad de los votos. En octubre se define el ganador.

El ganador del Nobel debería ser "La persona que ha producido en el campo de la literatura la obra más destacada". Generalmente los premiados no son escritores masivos.

Algunas curiosidades sobre el Nobel:

El país con más premios Nobel de literatura es Francia: con 14 ganadores.

Dos ganadores han rechazado el premio: Boris Pasternak, en 1958 (por presiones del gobierno soviético) y Jean-Paul Sartre, en 1964 (por voluntad: razones ideológicas).

En 2007, la escritora británica Doris Lessing se convirtió en el Premio Nobel de Literatura de más edad. Tenía 87 años cuando se anunció su nombre. Poco después, Lessing dijo que obtener ese galardón había sido una "catástrofe", porque no le quedaba tiempo libre para escribir.

El autor británico Rudyard Kipling sigue siendo el Nobel de Literatura más joven, con 42 años cuando ganó, en 1907.

Los que nunca ganaron el premio Nobel, mereciéndolos: Jorge Luis Borges, Virginia Woolf, Franz Kafka, Marcel Proust, James Joyce, Vladimir Nabokov, Leon Tolstoi, Juan Rulfo, Julio Cortázar, Simone de Beauvoir, Mario Vargas Llosa, entre otros.

domingo 25 de octubre de 2009

HERTA MÜLLER /

Por Cecilia Dreymüller

Enajenación respecto al propio país, la vida bajo la dictadura y la búsqueda de una patria nueva son los temas que Herta Müller maneja como variaciones, con dolorosa insistencia, en su amplia obra, que abarca una veintena de libros de narrativa, ensayo y poesía. Esta, hasta hoy, más bien marginada escritora señala con títulos como ‘Lo cierto es que no me hicieron nada’ (poesía) o ‘La mirada extraña o el pedo en la farola’ (ensayo) el fondo autobiográfico de un proyecto literario altamente politizado y sustentado por una escritura dura, lúcida, mordaz y de alto vuelo poético.

La fama de autora revelación perseguida por la Securitate precedía en Alemania la publicación de su primer libro, el turbador tomo de relatos ‘En tierras bajas’ (1990). Herta Müller se negó a colaborar con los servicios secretos de la Rumania de Ceausescu y fue represaliada durante años en su patria -cuyo régimen le impidió publicar- hasta que logró escapar en 1987 a Alemania, donde ha sido galardonada con todos los grandes premios literarios.

Herta Müller indaga en las consecuencias psicosociales del sistema totalitario, basado, en el caso de Rumania, en la represión, la violencia y la complicidad de un catolicismo trasnochado. Sus primeros relatos y novelas -entre los que destacan ‘La piel del zorro’ y ‘La bestia del corazón’- describen el miedo cotidiano ante el terror de unos personajes aislados, sometidos a confinamiento y tortura, al borde del suicidio. Las experiencias de Müller, primero con el comunismo y el pasado nazi no asimilado, luego con la existencia del emigrante de un país del Este, se traducen no sólo en inquietantes historias sobre la aniquilación psíquica del ciudadano disidente, sino también en imágenes de enorme densidad poética y gran sensualidad. Su novela más reciente, ‘Columpio del aliento’, publicada este verano, se adentra en un oscuro capítulo del pasado de la población alemana de Rumania que, como la madre de la autora, fue deportada a la URSS tras la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, la novela va más allá de la crónica del Gulag: recrea la vivencia de un deportado que sobrevive gracias a la poesía. Este inquietante documento de un mundo sin esperanza se ilumina con la indignación poética de Herta Müller.

* EL PAÍS - Cultura - Octubre-2009