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lunes, 21 de octubre de 2013

Diez disparates del Nobel de Literatura

Por Ánxel Grove

Un reportero sueco difundió los argumentos que tiene en cuenta el comité que decide el Nobel de Literatura para conceder o denegar el magno y siempre polémico premio.

¿Análisis semióticos? ¿Comparación de textos? ¿Interpretaciones críticas? ¿Sesudos razonamientos y premisas seguidos de conclusiones deductivas? No va por ahí la cosa: se trata de algo que procede de la praxis de andar por casa del batín guateado y el coñac.

Ahora sabemos que para el jurado designado por la Academia Sueca en 1961 J.R.R. Tolkien era un escritor con una prosa “de segunda categoría”, Lawrence Durrell sufría una “monomaníaca preocupación por las complicaciones eróticas”, Alberto Moravia adolecía de una “monotonía general”, Robert Frost era por entonces “demasiado viejo” (86) y E.M. Forster se había convertido en “una sombra de lo que fue”.

¿Quién ganó a Tolkien, Durrell, Moravia, Frost, Forster y los otros dos finalistas de 1961, nada menos que Graham Greene y Karen Blixen? El jurado decidió otorgar el galardón, “por la fuerza épica con la que ha reflejado temas y descrito destinos humanos de la historia de su país”, al poeta yugoslavo Ivo Andrić. Quizá a ustedes no les suene. No se inquieten: somos millones.

Hoy dedicamos nuestra sección, Cotilleando a…, a unas cuantas sombras, polémicas, injusticias, desafueros, iniquidades y disparates del Nobel de Literatura (1,4 millones de dólares en metálico, diploma, medalla de oro y un televisadísimo y muy ventajoso en términos de royalties ‘choca esos cinco’ con el Rey de Suecia).

1. Para empezar, una nómima de apestados:  Marcel Proust, Ezra Pound, James Joyce, Vladimir Nabokov, Virginia Woolf, Jorge Luis Borges, John Updike… Con sus obras se podría subsistir durante varias vidas, pero ninguno ganó el Nobel, casi siempre por motivos extraliterarios o políticos.

2. La Academia Sueca nunca quedó mejor retratada en su medianía como hurtando el premio a Borges, nominado casi todos los años desde la década de los sesenta.  Se especula que en 1977 habían decidido dárselo (a medias con el español Vicente Aleixandre), pero reconsideraron la propuesta porque Borges fue a Chile a recibir una medalla que entregaba el dictador Augusto Pinochet (sin justificar al escritor, conviene recordar que los premiados Jean-Paul Sarte (1964) y Pablo Neruda (1971) apoyaron de palabra, obra y actos al mayor asesino de masas de la historia, José Stalin). Cuando le preguntaron si sabía que ponía en peligro el Nobel, Borges dijo: “Pero fíjese que yo sabía que me jugaba el Premio Nobel cuando fui a Chile y el presidente ¿cómo se llama?… Sí, Pinochet, me entregó la condecoración. Yo quiero mucho a Chile y entendí que me condecoraba la nación chilena, mis lectores chilenos”. En 1981 un periodista preguntó a Borges: “¿A qué atribuye que no le hayan dado el Nobel de Literatura?”. El escritor respondió: “A la sabiduría sueca”. En otra ocasión dijo: “Yo siempre seré el futuro Nobel. Debe ser una tradición escandinava”. Según una de sus biografías, a Borges le afectaba el ninguneo más de lo que simulaba. Cada octubre recibía la noticia de que no había obtenido el Nobel “con humor agridulce y el corazón apretado” y “adoptó aires de perdedor experto”.

3. Jean-Paul Sartre rechazó el premio en 1964 porque no deseaba ser “institucionalizado por el Oeste o por el Este” (“no es lo mismo si firmo Jean-Paul Sartre que si firmo Jean-Paul Sartre, Premio Nobel”, dijo). El escándalo fue mayúsculo. Al autor de La náusea le llovieron los insultos. Le llamaron “hiena dactilográfica” y “delincuente del espíritu”, le describieron como un “pequeño hombrecillo de los ojos desviados, aquel que parece saberlo todo” y le acusaron de ejercer el “excrementalismo sartreano”. Recibió centenares de cartas de personas humildes que lo impulsaban a aceptar el premio y donar el dinero. La prensa rosa terció en el asunto: adujo que Sartre había rechazado el Nobel para evitar los celos de Simone de Beauvoir, su compañera sentimental. Sartre escribió: “Rechazo 26 millones [de francos de entonces] y me lo reprochan, pero al mismo tiempo me explican que mis libros se venderán más porque la gente va a decirse: ‘¿Quién es este atropellado que escupe sobre semejante suma?’. Mi gesto va pues a reportarme dinero. Es absurdo pero no puedo hacer nada. La paradoja es que rechazando el premio no he hecho nada. Aceptándolo hubiera hecho algo, que me habría dejado recuperar por el sistema”. La Academia sueca se hizo la sueca: “El laureado nos informa que él no desea recibir este premio, pero el hecho de que él lo haya rechazado no altera en nada la validez de la concesión”. En suma: muy a su pesar, Sartre sigue figurando entre los laureados.

4. La última polémica dura se desató en 2008, cuando el entonces secretario de la Academia Sueca, Horace Engdahl, declara sin sonrojo a una agencia de prensa que “Europa todavía es el centro literario del mundo”, acusa a los EE UU de ser una nación “demasiado aislada, demasiado insular” [Suecia tiene 9,4 millones de habitantes, menos que la ciudad de Nueva York] y a sus literatos de ser “sensibles a las tendencias de su propia cultura de masas”. La crítica literaria estadounidense aprovecha la concesión del premio de 2009 a la rumano-alemana Herta Müller para tildar a los académicos de “eurocéntricos” y, con bastante razón, menciona, entre otros, a Philip Roth, autor de refinado y astuto cosmopolitismo que introdujo en los EE UU a notables escritores europeos como Danilo Kiš, Witold Gombrowicz, Milan Kundera y Primo Levi, que tampoco ganaron el Nobel. La última escritora de los EE UU en obtener el premio fue Toni Morrison en 1993 (en total, una decena de estadounidenses lo han ganado). Europa ha dominado con carácter casi autárquico el galardón en las últimas décadas. Hay escasas excepciones: Mario Vargas Llosa [que tiene nacionalidad española] (2010), el turco Orhan Pamuk (2006), el sudafricano J.M. Coetzee (2003), el chino Gao Xingjian (2000), el japonés Kenzaburo Oe (1994)

5. Desde la primera edición del Nobel (1901), los escritores suecos han recibido más premios que los de toda Asia.

6. El premio a la austriaca Elfriede Jelinek (2004), una especie de Lucía Etxebarría centroeuropea y sin tufo a paella, derivó en la renuncia del académico Knut Ahnlund, que habló de la concesión como “un daño irreparable” al prestigio del Nobel y a las “fuerzas progresistas” y calificó la obra de la escritora como “una masa de texto sin el menor rastro de estructura artística”. Unos años antes, en 1989, otro par de académicos, Kerstin Ekman y Lars Gyllensten, dimitieron en protesta por el silencio de la institución sobre la condena a muerte dictada por el Ayatolá Jomeini contra el escritor Salman Rushdie (propuesto como candidato pero rechazado por ser “demasiado popular”, según declaró un miembro del jurado). Ese año se llevó el premio el escritor español Camilo José Cela.

7. El año de la gran vergüenza para los académicos fue 1974, cuando el Nobel se lo llevaron los escritores suecos Eyvind Johnson y Harry Martinson, desconocidos fuera de su país y asiduos miembros de los jurados que adjudican el premio. Eran candidatos dos de los grandísimos ausentes en el listado, Graham Greene y Vladimir Nabokov, y Saul Bellow, que lo ganó dos años más tarde.

8. El poeta W.H. Auden tenía el Nobel en el bolsillo, pero cometió la imprudencia de comentar en conferencias públicas en Suecia que el premio Nobel de la Paz de 1961, el sueco Dag Hammarskjöld, secretario general de la ONU entre 1953 y 1961, era homosexual (como Auden).

9. También estuvo a punto de obtenerlo André Malraux, pero a los académicos les parecía “demasiado rojo”.

10. La regla no escrita pero tácita durante las primeras décadas de los premios era lo que se llamaba dirección ideal. La Academia tenía claro cuál era literariamente hablando: el conservadurismo. Así se explica el premio a Rudyard Kipling (1907) y los rechazos a sus contemporáneos León Tolstói y Émile Zola. Con el tiempo la dirección ideal fue sustituida por el interés general, lo que dió lugar a premios baratos como los de Sinclair Lewis (1930) y Pearl Buck (1938). Ahora no hay dirección alguna y parece, como en el libre mercado y los consejos de ministros de Rajoy, que todo vale.

* Trasdós/ 11 enero 2012

viernes, 11 de octubre de 2013

Alice Munro, de Canadá, gana el Premio Nobel de Literatura 2013

Alice Munro, decimotercera mujer que recibe el Nobel de Literatura.

La escritora canadiense Alice Munro, maestra del relato corto, ha sido reconocida con el Nobel de Literatura 2013, se dice que bucea en lo cotidiano para hacer emerger de sus personajes los complejos matices del ser humano: es el realismo psicológico en su estado más puro.

¿Por qué leer a la premio nobel Alice Munro?

Varias veces candidata al Premio Nobel de Literatura, el universo de Alice Munro está habitado en su mayoría por protagonistas femeninos, mujeres fuertes que, bajo apariencia apacible, esconden sentimientos y emociones secretas.

Ella misma podría haber protagonizado alguno de sus cuentos, ambientados siempre en pequeñas localidades de la provincia de Ontario (Canadá).

Y es que Alice Clarke Laidlaw nació en 1931 en Whingham, una zona rural de la provincia de Ontario, en el seno de una familia presbiteriana de una ética estricta.

Aunque estudió en la Universidad de Ontario occidental, abandonó sus estudios en 1951 y se casó con James Munro, con quien se trasladó a Vancouver. Vivió veinte años en la Columbia Británica, periodo en el que tuvo tres hijas.
 
PRIMER LIBRO

En 1950 publicó su primer libro, "The dimensions of a shadow" y, aunque no dejó de escribir, sus siguientes publicaciones no vieron la luz hasta una década después.

Su prosa está repleta de detalles y precisión narrativa y con total ausencia de énfasis retóricos. Sus relatos tienen como denominador común su precisa localización geográfica, una zona conocida como "Munro Tract", algo así como el Condado de Munro.

La escritora ha comentado en ocasiones que no necesita adornar a sus personajes pues "la vida de la gente es suficientemente interesante por lo que si tú consigues captarla puede ser monótona, sencilla, increíble, insondable".

Según los críticos, la pluma de Munro acostumbra a enganchar al lector con giros inquietantes, a pesar de su ritmo pausado.

Para la profesora Mónica Carbajosa, estudiosa de la obra de Alice Munro, la canadiense es una "corredora de fondo", capaz de matices significativos y reveladores al más puro estilo de Proust.


EL CUENTO DE MUNRO

Su inclinación por el cuento o el relato breve viene dada por escritoras que le han influido en gran medida: Eudora Welty, Katherine Anne Porter, Katherine Mansfield, Elizabeth Bishop, Flannery O"Connor o Carson McCullers.

Además, el cuento tiene una gran vitalidad en la literatura canadiense, gracias a las aportaciones de la propia Nobel y otras narradoras, como Isabella Valancy Crawford, Ethel Wilson, Margaret Laurence, Mavis Gallant, Audrey Thomas o Sandra Birdsell.

En 1968 apareció su colección de cuentos "Dance of the happy shades", de gran éxito, y posteriormente "Lives of girls and women" (1971) y "Who do you think you are?" (1978), con el que ganó el premio Governor General"s Literary.

En España empezó a tener amplia difusión en los años noventa, con la publicación de "Secreto a voces" (1994) y "El amor de una mujer generosa", por la que recibió el Giller Prize 1998.

Asimismo, su novela "Escapada" (llevada al cine por Jane Campion) obtuvo en 2004 otro premio Giller Prize en 2004, "La vista desde Castle Rock" (2006), "Too much happiness" (2009), "Las vidas de las mujeres" (2011) y "Mi vida querida" (2012).

LA COMPARAN CON FAULKNER

Muchos críticos la comparan con los narradores del sur de EEUU, como William Faulkner o Flannery O"Connor, e incluso hallan paralelismos con Tolkien y su "Tierra Media".

Además, la presencia de un "narrador omnisciente", es decir una tercera persona que cuenta la historia y conoce todos sus detalles, dota a su obra de coherencia y sentido.

Aparte del Nobel, ha recibido otros premios como el "Canadian Booksellers Award for Lives Of Girls And Women", el "National Book Critics Circle Award", el "Giller Prize" y el "Man Booker International Prize".

En 2011 fue una de los tres finalistas al Premio Príncipe de Asturias de las Letras junto a Ian McEwan y a Leonard Cohen, que finalmente lo ganó.

La canadiense Alice Munro, ganadora del Premio Nobel de Literatura 2013, eleva a trece el número de mujeres premiadas por la Academia Sueca en esta modalidad de los preciados galardones instituidos por Alfred Nobel.

Alice Munro, "maestra del relato corto contemporáneo" y aclamada por su "armonioso estilo de relatar", según destacaron los académicos suecos en su fallo, recibe el galardón cuatro años después de la rumanoalemana Herta Müller, que lo logró en 2009.

Precisamente, la edición de los Nobel de ese 2009 fue en la que más mujeres fueron premiadas, cinco en total, entre ellas la estadounidense Elinor Ostrom, la primera y única, en Economía.

En lengua hispana, solo una mujer, la chilena Gabriela Mistral, logró el Nobel de Literatura y lo hizo en 1945.

La primera en abrir la representación femenina en los Nobel de Literatura fue, en 1909, la novelista sueca Selman Lagerloff, autora de "La leyenda de Gosta Berling".

Hubo que esperar hasta 1926 para que Grazia Deledda, hija de aldeanos sardos, lograra el galardón, con lo que se convirtió en la primera y única italiana, hasta ahora, en recibir un Nobel de Literatura.

La noruega Sigrid Undset lo recibió en 1928, un año antes de que publicara "Gymnadenia", sobre la crisis existencial que la llevó al misticismo.

La siguiente mujer merecedora de un Nobel de Literatura fue, en 1938, la estadounidense Pearl S. Buck, hija de pastores protestantes y que pasó su juventud en China, cuya sociedad retrató en su obra "La buena tierra".

Hubo que esperar 28 años para que, en 1966, la poeta y dramaturga de origen judío Nelly Sachs consiguiera el máximo reconocimiento de las letras, que compartió con un escritor, el también judío Samuel José Agnon.

El Nobel de Literatura no volvió a recaer en una mujer hasta 1991, cuando fue otorgado a la sudafricana de origen judío Nadine Gordimer, defensora de la abolición del "apartheid".

Toni Morrison fue la segunda estadounidense en lograr el Nobel de las letras, en 1993, tras haber recibido en 1988 el Pulitzer con la novela "Beloved".

En 1996, la poetisa polaca Wislawa Szymborska se convirtió en la novena mujer en obtener el Premio, a la que siguieron, la austríaca Elfriede Jelinek (2004), la británica Doris Lessing (2007) y la rumanoalemana Herta Müller (2009).

El Nobel de Literatura que ha premiado mayoritariamente a hombres desde su creación en 1901, no fue otorgado en siete ocasiones: 1914, 1918, 1935, 1940, 1941, 1942 y 1943.

Munro, destacó la Academia en su fallo, es aclamada por su "armonioso estilo de relatar, que se caracteriza por su claridad y realismo psicológico".

El Nobel de Literatura está dotado con ocho millones de coronas suecas (922.000 euros o 1,3 millones de dólares).

* Fuente: AFP | AFP 10 de Octubre 2013  

viernes, 12 de octubre de 2012

Premio Nobel de Literatura 2012: Mo Yan

El escritor chino Mo Yan es el ganador del Premio Nobel de Literatura 2012, por su capacidad para combinar "los cuentos populares, la historia y la contemporaneidad con un realismo alucinante".

El escritor chino Mo Yan es el ganador del Premio Nobel de Literatura 2012, anunció hoy la academia sueca.

Mo Yan nació en la provincia rural de Shandong en 1955, en el seno de una familia de campesinos. Trabajó en una fábrica durante la Revolución Cultural de Mao Zedong y se enroló en el Ejército Popular de Liberación «para poder comer todos los días». Comenzó a escribir en 1981, cuando aún era soldado y en 1984 se convirtió en profesor del Departamento de Literatura de la Academia Cultural de las Fuerzas Armadas chinas.

Publicó diez novelas, ocho de las cuales fueron traducidas a múltiples idiomas.

Su obra recorre la agitada historia del último siglo de China: ritos y tradiciones de las zonas rurales y el alma del pueblo chino, con un lenguaje realista, descriptivo y hasta satírico.

"Mi realismo habla de la gente normal. Presento al lector todo tipo de caracteres, personajes con los que no ha tenido contacto nunca, situados en un ambiente especial, en el que se puede respirar el olor y oír los sonidos de la vida rural", explicó en una nota con el diario español 'El Mundo', en 2008.

Él mismo ha reconocido la influencia de Liev Tolstói, William Faulkner y Gabriel García Márquez en sus creaciones. Sus autores extranjeros preferidos son Ernest Hemingway, Günter Grass y Yasunari Kawabata. Los chinos, Lu Xun y Wang Anyi.

Mo Yan es en realidad un seudónimo que adoptó cuando empezó a escribir, mientras estaba alistado en el Ejército. "Mo Yan no es mi verdadero nombre, yo me llamo Guan Moye. Elegí ese apodo, que significa 'No hables', en recuerdo a los años en los que no podía dirigir la palabra a nadie", explicó en ese reportaje.

"Eran los tiempos turbulentos de la Revolución Cultural, en los que había conflictos entre la gente de mi pueblo todos los días. Mi padre era agricultor, pero mi familia tenía una posición desahogada, y tenía miedo de que dijera algo inconveniente y trajera la desgracia a los míos. Así que me dijo que no hablara y que aparentara ser mudo", contó.

Mo Yan es el menor de cuatro hermanos. Tuvo que dejar el colegio cuando estaba en primaria. "Mis recuerdos están repletos de soledad y hambre. La década de 1960 fue muy difícil en China. Pasaba todo el día en el campo cuidando de las vacas y las ovejas, mientras los chicos de mi edad estudiaban y jugaban en el colegio. Había veces que no veía a nadie en todo el día", relató.

A los 18 años empezó a trabajar en una fábrica. Su tiempo se repartía entre ese trabajo y el campo. En 1976 intentó entrar en el Ejército. "Era la mejor forma de tener una buena vida, pero había un límite de edad, así que mi familia cambió mi fecha de nacimiento y puso un año menos. Entonces, hacer esto era muy fácil, ya que no tenía partida de nacimiento. Por eso alguna gente piensa que nací en 1956", explicó.

En 1981, Mo Yan publicó su primera novela, Lluvia en una noche de primavera. "No era fácil, los oficiales en el cuartel me criticaban porque escribía en lugar de hacer mi trabajo. Así que en 1984 entré en la Escuela de Arte y Literatura del Ejército". A partir de ese momento, vivió de la literatura.

Un año después de graduarse, en 1987, publicó Sorgo Rojo, que le lanzó a la fama. Dos años más tarde vendría "Tiantang suantai zhi ge" ("Las baladas del ajo"). La que él considera su obra más conseguida, "Pechos Grandes y Amplias Caderas", se publicaría en 1995.

Dos años más tarde abandonó las Fuerzas Armadas y comenzó a trabajar como editor de periódico, aunque ha seguido escribiendo novelas, como "Tanxiang xing" ("La tortura del sándalo", 2001) o "Wa" ("Rana"), de 2009.

En los últimos días se habían sucedido en China los rumores sobre la posibilidad del galardón, el primer Nobel a un escritor chino radicado en su país, ya que Gao Xijian lo obtuvo en 2000 pero entonces residía en Francia y tenía nacionalidad francesa. Seguidor del consejo que se dio a sí mismo al elegir su seudónimo, Mo ha optado por el silencio estos días.

En ocasiones anteriores ya había advertido que no diría nada en un caso así. "Una vez que dijera algo, me atacarían, como muchos han criticado a los escritores chinos por la ansiedad en torno al Nobel", aseguraba.

De nuevo, la sorpresa, o medio sorpresa, llama a la puerta de este galardón, por cuanto el jurado sueco ha decidido otorgárselo a Mo Yan, un escritor chino nacido en 1955, muy conocido en su país, pero que en el resto del planeta se le recordaba sobre todo por ser el autor de Sorgo rojo, novela que adaptó hábilmente al cine Zhang Yimou a finales de los 80. No es que este autor no estuviera en la terna de posibles ganadores pero si hacemos un símil automovilístico, estaba ubicado en la zona media de la parrilla de salida.

Según el jurado, se le otorga el galardón porque "muestra con cuentos populares de un realismo alucinatorio la historia actual y contemporánea". Vamos, que Mo Yan es una mezcla de Gabriel García Márquez y William Faulkner a la china, que para eso son dos de sus principales influencias, aunque allí se le etiqueta como 'el Kafka chino', una etiqueta, por otro lado, muy socorrida.

Un servidor sólo ha leído Sorgo rojo en una edición de El Aleph, aunque ahora tocará hacer los deberes y comprobar si efectivamente es un escritor talentoso a la hora de mostrar aquellos paisajes rurales, en unas historias donde se mezcla el realismo y la magia.

Y podré hacerlo gracias a las publicaciones de la pequeña editorial madrileña Kailas, lo que me alegra especialmente por un doble motivo: porque se demuestra que estas editoriales pequeñas siguen haciendo una magnífica labor, y porque lógicamente tienen pocas oportunidades de aprovechar el tirón comercial que conlleva publicar un premio de estas características, aunque hay que recordar el año pasado a Nórdica también le tocó la lotería con el poeta sueco Tomas Tranströmer.

Pues bien, Kailas tiene editados los siguientes títulos, Grandes pechos, amplias caderas, Rana, La vida y la muerte me están desgastando, La República del Vino y Las baladas del ajo (obra que la Academia Sueca ha aconsejado que todos leamos). Y así lo haremos.

Por cierto, y por si les gustan los guarismos, les diré que hasta el momento Francia sigue en cabeza en cuanto a número de ganadores de este galardón con 14 premiados, seguida del Reino Unido con 11, mientras que España está en una digna séptima posición con 6.

China hasta el momento solo disponía de uno aunque no reconocido oficialmente, dado que recayó en 2000 en Gao Xingjian, autor que se exilió en París y cuyas obras están prohibidas.

Así que Mo Yan será el primero del que se sientan orgullosos, o eso espero, porque aunque algunos colegas suyos le critican su falta de compromiso político, no es menos cierto que algunas de sus obras destacan por su certera crítica social. Será que es un tipo listo y brillante escritor, capaz de sortear la censura escribiendo entre líneas, y mordiéndose la lengua cuando es necesario para poder seguir viviendo en su país.

Quizás por eso, este autor cuyo verdadero nombre es Guan Moye, utiliza el pseudónimo Mo Yan para publicar sus libros, que en mandarín quiere decir "no hables".