viernes, 12 de octubre de 2012
Premio Nobel de Literatura 2012: Mo Yan
El escritor chino Mo Yan es el
ganador del Premio Nobel de Literatura 2012, por su capacidad para combinar
"los cuentos populares, la historia y la contemporaneidad con un realismo
alucinante".
El escritor chino Mo Yan es el
ganador del Premio Nobel de Literatura 2012, anunció hoy la academia sueca.
Mo Yan nació en la provincia
rural de Shandong en 1955, en el seno de una familia de campesinos. Trabajó en
una fábrica durante la
Revolución Cultural de Mao Zedong y se enroló en el Ejército
Popular de Liberación «para poder comer todos los días». Comenzó a escribir en
1981, cuando aún era soldado y en 1984 se convirtió en profesor del
Departamento de Literatura de la Academia Cultural de las Fuerzas Armadas chinas.
Publicó diez novelas, ocho de las
cuales fueron traducidas a múltiples idiomas.
Su obra recorre la agitada
historia del último siglo de China: ritos y tradiciones de las zonas rurales y
el alma del pueblo chino, con un lenguaje realista, descriptivo y hasta
satírico.
"Mi realismo habla de la
gente normal. Presento al lector todo tipo de caracteres, personajes con los
que no ha tenido contacto nunca, situados en un ambiente especial, en el que se
puede respirar el olor y oír los sonidos de la vida rural", explicó en una
nota con el diario español 'El Mundo', en 2008.
Él mismo ha reconocido la
influencia de Liev Tolstói, William Faulkner y Gabriel García Márquez en sus
creaciones. Sus autores extranjeros preferidos son Ernest Hemingway, Günter
Grass y Yasunari Kawabata. Los chinos, Lu Xun y Wang Anyi.
Mo Yan es en realidad un
seudónimo que adoptó cuando empezó a escribir, mientras estaba alistado en el
Ejército. "Mo Yan no es mi verdadero nombre, yo me llamo Guan Moye. Elegí
ese apodo, que significa 'No hables', en recuerdo a los años en los que no
podía dirigir la palabra a nadie", explicó en ese reportaje.
"Eran los tiempos turbulentos
de la Revolución
Cultural, en los que había conflictos entre la gente de mi
pueblo todos los días. Mi padre era agricultor, pero mi familia tenía una
posición desahogada, y tenía miedo de que dijera algo inconveniente y trajera
la desgracia a los míos. Así que me dijo que no hablara y que aparentara ser
mudo", contó.
Mo Yan es el menor de cuatro
hermanos. Tuvo que dejar el colegio cuando estaba en primaria. "Mis
recuerdos están repletos de soledad y hambre. La década de 1960 fue muy difícil
en China. Pasaba todo el día en el campo cuidando de las vacas y las ovejas,
mientras los chicos de mi edad estudiaban y jugaban en el colegio. Había veces
que no veía a nadie en todo el día", relató.
A los 18 años empezó a trabajar
en una fábrica. Su tiempo se repartía entre ese trabajo y el campo. En 1976
intentó entrar en el Ejército. "Era la mejor forma de tener una buena
vida, pero había un límite de edad, así que mi familia cambió mi fecha de
nacimiento y puso un año menos. Entonces, hacer esto era muy fácil, ya que no
tenía partida de nacimiento. Por eso alguna gente piensa que nací en
1956", explicó.
En 1981, Mo Yan publicó su
primera novela, Lluvia en una noche de primavera. "No era fácil, los
oficiales en el cuartel me criticaban porque escribía en lugar de hacer mi
trabajo. Así que en 1984 entré en la
Escuela de Arte y Literatura del Ejército". A partir de
ese momento, vivió de la literatura.
Un año después de graduarse, en
1987, publicó Sorgo Rojo, que le lanzó a la fama. Dos años más tarde vendría
"Tiantang suantai zhi ge" ("Las baladas del ajo"). La que
él considera su obra más conseguida, "Pechos Grandes y Amplias
Caderas", se publicaría en 1995.
Dos años más tarde abandonó las
Fuerzas Armadas y comenzó a trabajar como editor de periódico, aunque ha
seguido escribiendo novelas, como "Tanxiang xing" ("La tortura
del sándalo", 2001) o "Wa" ("Rana"), de 2009.
En los últimos días se habían sucedido
en China los rumores sobre la posibilidad del galardón, el primer Nobel a un
escritor chino radicado en su país, ya que Gao Xijian lo obtuvo en 2000 pero
entonces residía en Francia y tenía nacionalidad francesa. Seguidor del consejo
que se dio a sí mismo al elegir su seudónimo, Mo ha optado por el silencio
estos días.
En ocasiones anteriores ya había
advertido que no diría nada en un caso así. "Una vez que dijera algo, me
atacarían, como muchos han criticado a los escritores chinos por la ansiedad en
torno al Nobel", aseguraba.
De nuevo, la sorpresa, o medio sorpresa, llama a la puerta
de este galardón, por cuanto el jurado sueco ha decidido otorgárselo a Mo Yan,
un escritor chino nacido en 1955, muy conocido en su país, pero que en el resto
del planeta se le recordaba sobre todo por ser el autor de Sorgo rojo, novela
que adaptó hábilmente al cine Zhang Yimou a finales de los 80. No es que este
autor no estuviera en la terna de posibles ganadores pero si hacemos un símil
automovilístico, estaba ubicado en la zona media de la parrilla de salida.
Según el jurado, se le otorga el galardón porque
"muestra con cuentos populares de un realismo alucinatorio la historia
actual y contemporánea". Vamos, que Mo Yan es una mezcla de Gabriel García
Márquez y William Faulkner a la china, que para eso son dos de sus principales
influencias, aunque allí se le etiqueta como 'el Kafka chino', una etiqueta,
por otro lado, muy socorrida.
Un servidor sólo ha leído Sorgo rojo en una edición de El
Aleph, aunque ahora tocará hacer los deberes y comprobar si efectivamente es un
escritor talentoso a la hora de mostrar aquellos paisajes rurales, en unas
historias donde se mezcla el realismo y la magia.
Y podré hacerlo gracias a las publicaciones de la pequeña
editorial madrileña Kailas, lo que me alegra especialmente por un doble motivo:
porque se demuestra que estas editoriales pequeñas siguen haciendo una
magnífica labor, y porque lógicamente tienen pocas oportunidades de aprovechar
el tirón comercial que conlleva publicar un premio de estas características,
aunque hay que recordar el año pasado a Nórdica también le tocó la lotería con
el poeta sueco Tomas Tranströmer.
Pues bien, Kailas tiene editados los siguientes títulos,
Grandes pechos, amplias caderas, Rana, La vida y la muerte me están
desgastando, La República
del Vino y Las baladas del ajo (obra que la Academia Sueca ha
aconsejado que todos leamos). Y así lo haremos.
Por cierto, y por si les gustan los guarismos, les diré que
hasta el momento Francia sigue en cabeza en cuanto a número de ganadores de
este galardón con 14 premiados, seguida del Reino Unido con 11, mientras que
España está en una digna séptima posición con 6.
China hasta el momento solo disponía de uno aunque no
reconocido oficialmente, dado que recayó en 2000 en Gao Xingjian, autor que se
exilió en París y cuyas obras están prohibidas.
Así que Mo Yan será el primero del que se sientan
orgullosos, o eso espero, porque aunque algunos colegas suyos le critican su
falta de compromiso político, no es menos cierto que algunas de sus obras
destacan por su certera crítica social. Será que es un tipo listo y brillante
escritor, capaz de sortear la censura escribiendo entre líneas, y mordiéndose
la lengua cuando es necesario para poder seguir viviendo en su país.
Quizás por eso, este autor cuyo verdadero nombre es Guan
Moye, utiliza el pseudónimo Mo Yan para publicar sus libros, que en mandarín
quiere decir "no hables".
Etiquetas:
China,
Mo Yan,
Nobel Literatura 2012
sábado, 14 de julio de 2012
Premio Nobel de Literatura 2012 cuenta con 210 aspirantes
Un total de 210 escritores, de
los que 46 nunca han sido antes candidatos, aspiran a ganar el Nobel de
Literatura 2012, según ha informado el secretario permanente de la Academia Sueca,
Peter Englund.
Englund publica en su blog
personal que la Academia
cerró el jueves pasado la lista de aspirantes a este premio, ganado el pasado
año por el poeta sueco Thomas Tranströmer.
Como parte de la selección de
candidatos, la Academia
ha multiplicado por cinco las solicitudes para participar en el proceso
enviadas a universidades en Estados Unidos, aunque el número de respuestas
"no ha sido tan bueno como habíamos esperado", señaló Englund.
En cambio "un número
inusualmente grande" de ganadores del Nobel de Literatura han ejercido su
derecho a nominar candidatos.
El Comité Nobel de Literatura
envía cada año en septiembre entre 600 y 700 cartas a personas e instituciones
cualificadas para proponer candidatos al premio.
Entre quienes pueden nominar a
candidatos figuran los miembros de la Academia Sueca o de otras organizaciones
similares, profesores de Literatura y Lingüística de universidades, ganadores
del premio y presidentes de sociedades de autores representativas en sus
países.
El Comité deberá reducir en abril
la lista de aspirantes a unos 15 o 20 nombres, que serán señalados como
candidatos preliminares, y un mes después quedarán sólo los cinco finalistas.
Entre los meses de junio y
agosto, los miembros del Comité se dedican a leer las obras de los candidatos
definitivos, y en septiembre empezarán las discusiones sobre sus méritos, que
desembocarán en la elección del ganador o ganadores finales en el próximo mes
de octubre.
* Miércoles,
15 de Febrero de 2012, 11:35
martes, 11 de octubre de 2011
Tomas Tranströmer, Premio Nobel de Literatura 2011
Poeta y psicólogo sueco, se hace acreedor del premio Nobel de Literatura 2011.
Es el poeta vivo más importante de Suecia y su nombre aparece todos los años en los medios como candidato al premio Nobel. Este año, Tomas Tranströmer, escritor y psicólogo, ha sido galardonado con el galardón de la Academia Sueca, dotado con 10 millones de coronas suecas (1,1 millones de euros), un año después de que se lo llevara el hispano-peruano Mario Vargas Llosa.
En las quinielas sonaron también nombres como Bob Dylan o Murakami. Finalmente, ha sido elegido este octogenario poeta, parte de cuya obra publica en España la editorial Nórdica, que destaca del autor que "ha compaginado durante toda su vida su trabajo de psicólogo en centros penitenciarios y hospitales [ha trabajado en la rehabilitación de delincuentes juveniles] con la escritura de poemas, intentando transmitir cierto orden al mundo". "De los poetas desconocidos del siglo XX, él es el más influyente", señaló a ELMUNDO.es Diego Moreno, editor del sello, que acaba de lanzar 'Deshielo a mediodía'.
'En las primeras horas del día / la conciencia puede abarcar el mundo' [fragmento].
"No creía que podía llegar a vivir esto", dijo su mujer, Mónica Tranströmer, a medios suecos desde su casa de Estocolmo. El poeta tiene dificultades para hablar desde que en 1990 sufrió un ataque de apoplejía, aunque eso no le ha impedido seguir escribiendo. Según su esposa, "se siente cómodo con todas esas personas que vienen a felicitarlo y a fotografiarlo" y está "contento" y "emocionado" con el galardón.
"Sobre todo deseaba que esta vez el premio fuera para un poeta", dijo en una improvisada conferencia de prensa ante su vivienda. "Seguro que (el sirio-libanés) Adonis se lo merecía", añadió.
Al ser preguntado qué hará con el dinero del premio, él y Mónica respondieron riendo: "No lo sabemos". Mónica Bladh-Tranströmer explicó en nombre de su marido que actualmente el trabajo de éste se reduce a piezas pequeñas y que, de momento, no sabe si volverá a publicar algo.
'Acceso fresco a la realidad'
La Academia destacó la obra de Tranströmer porque "a través de sus imágenes condensadas y traslúcidas nos ha dado un acceso fresco a la realidad". Sobre él ha dicho el New York Times: "Los poemas de Tranströmer nos permiten acceder a lo más profundo de una imaginación desbordante, admirable... Estos poemas nos muestran a uno de los mejores escritores de las últimas cinco décadas".
En el prólogo de 'El cielo a medio hacer', Carlos Pardo señala: "Hay poetas que nos hacen más inteligentes, más despiertos, que nos vuelven sutiles o sentimentales o contradictorios. Tranströmer nos coloca en el mundo, en eso que llamamos realidad y que se diferencia del realismo en que la realidad carece de sentido. Pero nos hace sentir fascinación por existir en él".
Biografía
El premio Nobel de Literatura 2011 nació en 1931 y debutó en 1954 con su libro "17 dikter" ("17 poemas") y ha sido traducido a cerca de 50 idiomas, entre ellos el español. En España también ha sido publicado en Nórdica 'El cielo a medio hacer' y "Para vivos y muertos", en Hiperión.
Es la primera vez en más de 30 años que el Nobel de Literatura va para un sueco. Tranströmer ha ganado importantes galardones como el Premio Internacional Neustadt de Literatura, el Petrach de Alemania y el galardón sueco del Foro Internacional de la Poesía.
Del surrealismo a lo esencial
Ése es el resumen del recorrido poético de Tomas Tranströmer, el poeta sueco al que la Academia ha condecorado con el Premio Nobel de Literatura de 2011. "Al principio, su obra era la de un poeta con un punto surrealista muy nórdico que ha evolucionado hacia la reconcentración", explica por teléfono Antonio Lucas, poeta, redactor de la sección de Cultura de EL MUNDO. Esta misma mañana, Lucas apostaba en esta misma 'web' por la victoria de Tranströmer.
En realidad, el nombre del autor de 'Deshielo a mediodía' (recién editado por Nórdica, que 'presentó' al poeta al público español hace unos años), ya estaba entre los favoritos al premio desde el año pasado. Su historia personal, además es de las que añaden interés humano al palmarés del Nobel. Tranströmer, psicólogo de profesión, trabajó en las cárceles de su país, atendiendo a reos.
"De ahí proceden muchas marcas de su literatura", explica Diego Moreno, el editor de Nórdica. "El compromiso, más con lo personal que con lo social o lo político. Su atención a lo cotidiano...".
"En su obra está también la naturaleza, tratada con profundidad, con hondura, con mucha delicadeza", continúa Lucas. "Sin embargo, es un autor fácil, muy accesiible y muy próximo. En Estados Unidos es el poeta más traducido después de Pablo Neruda", añade Moreno.
Antonio Lucas revelaba esta mañana la otra circunstancia que marca la vida de Tranströmer: "No le queda mucho de vida (aunque éste no deba ser mérito suficiente para ganar premios). Desde 1994 está aquejado de una apoplejía. Y sigue escribiendo".
Por culpa de su enfermedad, las entrevistas con Tranströmer son escasas y muy abiertas. La periodista sueca Jenny Morelli, por ejemplo, narra un encuentro con Transtömer y su mujer, Monica, en su apartamento, en la que el poeta apenas puede decir cuatro palabras: Sí, no, bien, mal. Monica transmite a su marido las preguntas y, a partir de la mímica y de sus códigos, consigue comunicar sus ideas. Por ejemplo, cuando la periodista le pregunta por la experiencia del ataque que lo condenó, Tranströmer relata que "en realidad, disfruté la primera semana en el hospital". Un guiño a la calidez de la que hablaba Moreno.
PRELUDIUM
DESPERTAR es un salto en paracaídas del sueño.
Libre del agobiante torbellino, se hunde
el viajero hacia la zona verde de la mañana.
Las cosas se encienden. Él percibe —en la vibrante
postura de la alondra— las oscilantes lámparas subterráneas
del poderoso sistema de las raíces de los árboles. Pero a flor
de tierra
—en abundancia tropical— está el verdor
con los brazos al aire, en escucha
del ritmo de una bomba invisible. Y él
se hunde hacia el verano, se descuelga por
el cráter cegador, hacia abajo
a través de grietas de edades verde-húmedas
palpitantes bajo la turbina del sol. Así es detenido
este viaje vertical por el instante y las alas se ensanchan
hasta ser la quietud del gavilán sobre aguas torrenciales.
Tonos desamparados
de las trompetas de la Edad de Bronce
cuelgan sobre el abismo.
En las primeras horas del día, la conciencia puede abarcar
el mundo
como la mano oprime una piedra entibiada por el sol.
El viajero está bajo el árbol. ¿Se extenderá,
después de la caída por el torbellino de la muerte,
una gran luz sobre su cabeza?
LAS PIEDRAS
OIGO caer las piedras que arrojamos,
transparentes como cristal a través de los años. En el valle
vuela la confusión de los actos
del instante, vociferantes, de copa
en copa de los árboles, se callan
en un aire más tenue que el presente, se deslizan
como golondrinas desde una cima
a otra de las montañas, hasta
alcanzar las mesetas ulteriores,
junto a las fronteras del ser. Allí caen
todas nuestras acciones
claras como el cristal
no hacia otro fondo
que el de nosotros mismos.
DESHIELO A MEDIODÍA
El aire matinal repartió sus cartas con sellos incandescentes.
La nieve iluminó y todos los pesares se alivianaron: un kilo pesaba
apenas setecientos gramos.
El sol estaba alto sobre el hielo, volando por el lugar, caliente y frío
a la vez.
El viento avanzó lentamente como si empujase un cochecillo de niño
frente a sí.
Las familias salieron, vieron cielo abierto por primera vez
en mucho tiempo.
Estábamos en el primer capítulo de un relato muy intenso.
El resplandor del sol se adhería a todos los gorros de piel,
como el polen a los abejorros,
y el resplandor del sol se adhirió al nombre INVIERNO
y se quedó allí hasta que el invierno hubo pasado.
Una naturaleza muerta de troncos, en el lago, me puso pensativo.
Les pregunté:
«¿Me acompañan hasta mi niñez?» Respondieron: «Sí».
Desde la espesura se escuchó un murmullo de palabras
en un nuevo idioma:
las vocales eran cielo azul y las consonantes eran ramas negras
y hablaban
muy lentamente sobre la nieve.
Pero la tienda de saldos, haciendo reverencias con su
estruendo de faldas,
hizo que el silencio de la tierra creciese en intensidad.
MÚSICA LENTA
El edificio está cerrado. El sol entra por las ventanas
y calienta la parte superior de los escritorios
que son tan fuertes como para cargar el peso del destino del hombre.
Estamos afuera hoy, junto a la extensa y ancha ladera.
Muchos llevan ropas oscuras. Uno puede estar al sol y cerrar los ojos
y sentir cómo es soplado lentamente hacia adelante.
Rara vez vengo hasta el agua. Pero ahora estoy aquí,
entre grandes piedras con espaldas pacíficas.
Piedras que lentamente han caminado hacia atrás desde las olas.
LA ESTACIÓN
Ha llegado un tren. Allí está, un vagón tras el otro,
pero no se abren puertas, nadie baja ni sube.
¿Acaso tiene puertas? Allí dentro hormiguean,
de aquí para allá, seres cautivos.
Por las inconmovibles ventanas observan.
Y afuera anda un hombre, a lo largo del tren, con una maza.
Golpea las ruedas, resuena débilmente. Salvo aquí:
aquí crece el tono incomprensiblemente: un golpe de trueno,
tañido de campanas de iglesia, tono de la vuelta al mundo
que eleva todo el tren y las mojadas piedras del paraje.
Todo canta. Esto lo recordaréis. ¡Continuad el viaje!
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